‘La literatura tiene un poder transformador’: Harold Cortés

Hace aproximadamente un año (allá en abril de 2021) fui invitado a conversar con el escritor caleño Humberto Jarrin sobre mi producción literaria. El encuentro se dio en el marco de un bello espacio para la literatura de Cali llamado Palabras Autónomas, que celebra cada día del idioma las excelencias del lenguaje.

Debo decir que, como estudiante de la facultad de Periodismo, siempre me pareció fascinante la manera como estos encuentros enriquecen la literatura nacional y departamental. Estar, ya no sólo como espectador y aprendiz, sino como invitado, fue todo un honor.

Por eso quiero compartir algunas reflexiones de lo que fue esta tertulia con un escritor que admiro mucho, al rededor de mi libro de cuentos Un Crimen Sencillo, y en general el panorama de escritura de los jóvenes del departamento.

Humberto Jarrín: ¿Cómo fue ese hallazgo tuyo de la literatura?, ¿dónde está la génesis?

Harold Cortés: Mi historia con las letras es extraña, porque desde que estaba en el colegio no me interesé por el tema. Los profesores solían dejar varias lecturas y yo era de esos que prefería el resumen. Fue en la facultad de Ingeniería, a mis 20 años, que descubrí de forma mágica la literatura. Fascinado por ella, absorto por su profundad, decidí cambiarme de carrera y decantarme por las letras. Creo que la gran culpable fue la biblioteca de mi universidad; gracias a ella resolví una forma de encontrarme a mí mismo.

HJ: ¿Recuerdas tu primera instancia propiamente creativa o tu primer texto, ese que marcó el principio de tu proceso creativo?

HC: Lo tuve con un libro que me ha abierto la puerta a otras búsquedas intelectuales y personales: Infierno, de Dante Alighieri, es decir, la primera parte de la Divina Comedia. En este libro, Alighieri narra un viaje hacia las profundidades del infierno, en el que conoce a distintos personajes que sufren la condenación. Pero también es un viaje en el que se conoce a sí mismo para purgar sus propios demonios. Ese libro me hizo pensar que la literatura es un viaje, tal vez no hacia el infierno, pero sí hacia los propios demonios, es decir, frustraciones que uno tiene en la vida. Me di una cita con las letras para poder conocerme, criticarme, sanar heridas o recuerdos que tenía. En cuanto a mi primera instancia creativa, fue con el cuento Horacio y el árbol de Peningar que me embarqué en el género. Se trata de la historia de un niño que sufre las violencias de la guerra producto de las ansias de poder de los adultos, y que de alguna manera era un reflejo de mi propia infancia.

HJ: Ya que has hablado de tus cuentos, quisiera preguntarte por uno en particular, de tu libro Un crimen sencillo. Hablo del cuento: Los muertos no comen pusandao, con el que precisamente obtuviste el primer puesto en el concurso Escritores Autónomos. Cuéntanos cómo surge ese cuento, porque está enmarcado en el contexto colombiano del conflicto armado y la violencia, allí donde la muerte hace sus presencias y la literatura logra recoger eso desde una mirada estética, un poco para devolvérselo a la sociedad para que lo vea.

Un crimen sencillo Harold Cortés
Conoce el libro de cuentos aquí.

HC: Una de las materias primas de mis historias periodísticas y literarias es el conflicto armado. Los muertos no comen pusandao tiene un doble propósito y una doble deuda con el Pacífico: combino tanto la crisis política que se vive en el país con respecto al tema de la paz, así como la tradición gastronómica de mi familia. Con este cuento me propuse explicar cómo se prepara un pusandao, pero también usar la narración como un telón de fondo que revele la crisis humana que vive una cantora del pacífico, a quien unos paramilitares le han matado a su hijo. Es un cuento que nos habla de cómo la mujer se revela en contra de su infortunio y toma acción; en este caso es la venganza, pero en otros casos puede ser la cultura como un grito contra la violencia.

HJ: Hay algo interesante en ese cuento y es que hay una perversidad que el autor o el personaje quiere mostrar. Cuando la mujer se acerca al cuarto en donde tiene escondido al hombre, quien se encuentra atado, lo ve con hambre y le dice que los muertos no comen pusandao, como una frase lapidaria que augura su final, pero que también deja entre dicho que el plato no es para los muertos, sino para los vivos...

HC: Sí. Son muchas las asociaciones que se pueden hacer sobre el tema. Creo que en últimas el cuento fue la forma que encontré para tratar de poner en los ojos de los lectores el tema de la violencia a los indígenas, negros y campesinos por parte de los grupos armados.

HJ: Los cuentos como unidad funcionan, pero cuando se piensa en un libro de cuentos, los relatos deben tener un hilo o tema conductor, bien sea dispuesto por el escritor, o a veces por la editorial. Esto se puede lograr por el tema, por el estilo, por el narrador, etc. Ya que nos metimos en las honduras de tu libro, ¿cuál es el espíritu que anima estos cuentos? ¿Con qué tipo de unidad se encuentra el escritor?

HC: Una de las preguntas que caló en mi mente mientras escribía y compilaba estos cuentos fue: ¿puede el hombre escapar de su propio destino? En el caso de Un crimen sencillo, el destino es la muerte, la violencia y la resistencia al olvido. Con estos cuentos quise poner en aprietos a los personajes y ver cómo resolvían los conflictos. Estos aprietos tenían que ver precisamente con la noticia infalible de la muerte. ¿Cómo sortear la muerte? Hay muchas maneras. En mi libro presento quizá diez formas de hacerlo.

HJ: En ocasiones el escritor tiene una unidad temática fija, pero hay otras en que quizá, de manera inconsciente, se le escapan otras. En tus cuentos veo una unidad temática que parte de la referencia a otros libros (que existen y se pueden buscar) y que han marcado a los personajes principales. Por ejemplo, uno de tus cuentos, llamado La mística de la feminidad, parte de dos lecturas que están haciendo sus personajes. El hombre, un empresario adinerado y machista lee la novela El espía que surgió del frio de John le Carré, y la mujer, una empresaria feminista lee La mística de la feminidad de Betty Friedan. Cuando estos personajes conversan se produce una especie de juego de ajedrez entre poder y seducción. Lo mismo ocurre con otro cuento de tu libro, llamado Seductor infalible, en el que un periodista y su compañera de redacción hablan sobre un caso de seducción que salió mal, y todo a partir de un libro que es el que le da el nombre al relato. ¿Fuiste consciente de esa ‘otra’ unidad temática?

HC: Ahora que lo dices, no pensé en eso como una unidad temática, pero sí fui consciente de hacer cuentos que partieran de libros que existen en la vida real. Creo que todos tenemos libros que han marcado nuestra forma de ver el mundo. Así como a estos personajes, a mí también me han marcado esos libros, lo que muestra cómo la literatura se va metiendo en nuestro inconsciente y nos hace ser lo que somos.

HJ: ¿Y cuáles son esos libros?

HC: Hemos hablado de algunos ya: El infierno de Dante, las novelas de Jhon Le Carré, La Biblia. Especialmente la Biblia. Tiene una riqueza literaria y narrativa excepcional, a tal punto que muchos la consideran de las mejores piezas de ficción que se han escrito en toda la historia. Gracias a su lectura cuidadosa he podido afianzar más mi proceso de escritura de poesía, ensayo e incluso de periodismo; los cuatro relatos de los Evangelios son cada uno una mirada distinta de un mismo hecho, con diferentes métodos de investigación y de estilo narrativo. Otros libros que me han forjado como escritor son las novelas de Antonio Muñoz Molina, C.S. Lewis, Gabriel García Márquez y los libros de poesía de Vicente Aleixandre o los magníficos poemas narrativos de Harry Martinson.

HJ: Además de escribir, tú has hecho una labor de gestión cultural para exaltar la labor de los escritores vallecaucanos y las nuevas generaciones de escritores. ¿Cómo te ha ido en ese proceso?

HC: Cuando empecé a escribir me di cuenta de la dura realidad que enfrentan los escritores jóvenes de esta época. No tenemos muchas posibilidades de llegar a las grandes editoriales y si alguna se fija en nosotros, la primera pregunta que harán es cuál es la cantidad de seguidores. Pensando en estas cosas, decidí emprender un proyecto editorial llamado Libreta Negra, para publicar, de manera independiente, libros de poesía, cuento y novela con rigor (al menos con el rigor que nos permitiera nuestros conocimientos y la experiencia acumulada hasta el momento). Nuestra meta es publicar libros que propongan a los lectores una nueva forma de ver la ciudad. Han sido muchos los amigos, profesores y escritores que nos han ayudado en el proceso. Esto muy contento por la aceptación que ha tenido.

HJ: ¿Cómo se te ha dado esa unión entre lo literario y lo digital?

HC: Creo que los lectores contemporáneos están buscando nuevas experiencias. A veces decimos que los lectores están buscando historias atrapantes, pero en realidad están buscando experiencias. Cuando un lector compra un libro espera sentirse en otro cuerpo, en otra piel, en otro país, escucharse en otro lugar. Las bondades de lo digital tienen que ver con llevar al lector a esos escenarios a través de sus propios sentidos. Esas sensaciones enriquecen la lectura.

HJ: No quiero terminar sin preguntarte: ¿cómo es tu relación con los jóvenes de tu generación, con quienes has emprendido este tipo de proyectos literarios?

HC: Es la relación más importante. Sino fuera por los amigos que hice en esos escenarios de escritura quizá la proyección literaria que tengo ahora no sería igual. No sólo ha sido útil para aprender de otros, sino para ayudar a otros en el camino de la escritura. Debido a la militancia literaria que hemos ejercido en la ciudad, hemos llegado concluir que ser escritores no es imposible, requiere disciplina y la capacidad de creer que la literatura puede transformar la sociedad porque hace parte de nuestro tejido cultural.

Escucha la entrevista completa aquí.

Esta entrevista hace parte de una colección de entrevistas que la Universidad Autónoma de Occidente realizó en el 2021 en el marco del evento Palabras Autónomas. Todos los derechos reservados.