El nombre del fuego | Poema

Sí. Ese fuego es tu labio encendido,
tu boca,
donde un borde escarlata
me estremece.


Tendida sobre el arroyo puro,
tu lengua de fuego
bautiza las sombras,
como quien iluminar el cielo
procura en un susurro.

¡Oh fuego!
¡Oh mundo así dorado!
¡Luz de estos pájaros tristes
como un eco apagado!

Ese fuego es tu nombre.
Palabra que muere cada tarde,
carbón tallado en los ojos,
sol que no me atrevo a ver
por temor a una dura
vida de lucero.

Sí. Ese fuego es tu cuerpo,
bella lágrima como ola
que a los pies ata.
Arena, espuma,
crepúsculo dorado
en los bordes del cielo.

Yo mismo. Sí, yo y no otro,
como hoja seca que recoge sus venas
digo tu nombre para que el fuego me consuma,
pero no como un estallido en la piel,
no como último gesto del día;
como sonido final
de una llave que se cierra,
sí, como el nombre del fuego.

Este poema hace parte de una colección de obras inéditas del autor y están registradas en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente. Todos los derechos reservados.

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