Recuerdo | Poema

Recorremos las sendas de la vida
atados a los instantes que vivimos.

Nos alejamos el uno del otro.
Viajamos a lugares remotos
de promesas diáfanas y sueños blancos.

Crecemos, nos hacemos viejos.
Nos perdemos en la penumbra de las noches;
elevamos oraciones al cielo.

Tocamos el agua tersa de los ríos
que fluyen sin parar.
Volamos juntos en un susurro,
nos encontramos en el tren, las estaciones,
bajo el árbol de tu juventud que sigue envejeciendo.

Plantamos rosas que se han marchitado.
Contemplamos atardeceres cansados de esconderse.

El silbar de los gorriones
va cambiando con el tiempo
y, sin embargo, sus suspiros siguen vivos.

El viento ha acariciado tus mejillas varias veces.
Tus cabellos se hacen plata.
Tu sonrisa se hace clara.
El cristal de tu mirada presagia nuevos tiempos.

Pero el recuerdo no se ha ido…
Atados estamos al pasado pues sin él no hay futuro.

En las aguas de Viterbo
y en las lunas del Darién.
En los tiempos del Square
y en los besos de París,
el recuerdo sigue intacto en las arenas del reloj.

Ninguna noche ni sus penas
le pueden envejecer,
permanece inmarcesible
como el árbol de la vida.

¿Escapar de él? Nada sería más difícil;
aquél recuerdo de los dos
solo se marchita con la muerte.

*Este poema hace parte del poemario Tierra de nadie y está registrado en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente. Todos los derechos reservados.

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