Cigarrillo | Poema

Compras dos cajetillas de cigarrillos.
Las guardas, cada una en un calcetín,
como quien oculta un fajo de dólares
o un revolver.

Esculcas en tu bolsillo derecho del pantalón
una cajetilla más, esta vez empezada,
de la cual tomas un cigarrillo;
lo pones en tus mórbidos labios,
ya marchitos, como una llaga podrida.

Inhalas. Inhalas.

Una valla publicitaria te oculta el rostro.
Humo gris gravita en el aire.
Hay una expansión del vacío interior,
un vuelco hacia la profundidad.
El humo inspecciona cada recamara
de esa casa vieja; transita los pasillos deshabitados por el silencio,
la monotonía y el cólera.

Los retratos de una enfermiza
relación matrimonial
aparecen en una respiración trémula.

¿Sabrá la noche de tu condición,
de tu imposibilidad de retorno?

La estela de humo es semejante
a los restos de una cremación.
Y así, suspendido en la incapacidad
de asirse a nada concreto,
la tarde podría parecerte larga.
Lo es, en efecto: una fracción de vida
evaporada en lo que queda
de la desesperación; el fracaso de lo porvenir,
tu incapacidad de modificar el presente.

Inhalas. Inhalas.

Y al volver tu cuerpo hacia el alba,
exhalas las miserias del día anterior.

*Este poema hace parte del poemario Tierra de nadie y está registrado en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente. Todos los derechos reservados.

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