Asesinato en el Hotel Imperial | Cuento

Estás en tu habitación, sentado en un sillón de cuero. Prendes el televisor, observas los canales. «Un asesinato en el Hotel Imperial, en la calle novena con carrera cuarta».

Sientes un frío de muerte que recorre tu cuerpo. Te pones de pie y echas un vistazo por la ventana. Miras hacia las calles del centro de Cali. Estás en la Calle del Pecado.

Vez a un anciano que señala hacia la ventana de tu habitación, mientras discute con dos agentes de policía. Escondes tu rostro cuando el viejo te señala. ¿Es una casualidad? O, ¿una noticia de otro jueves 23 de abril?

Miras de nuevo el televisor. «Un asesinato en el Hotel Imperial, en la calle novena con carrera cuarta, la víctima fue encontrada en la habitación 402».

«¿La víctima?».

El aire de la habitación pesa como su estuvieras bajo el agua. Abres la puerta, miras la placa de la habitación: es la 402.

Se aceleran los latidos de tu corazón. Revisas el documento de alojamiento que te entregó la mujer de la recepción: «Calle novena con carrera cuarta, Hotel Imperial, habitación 402».

Te preguntas si el tiempo se ha trastornado, si se trata de un juego de azar en el que el destino conspira en tu contra, haciéndote perder el hilo. Sólo entonces empiezas a notar un rastro de sangre que proviene del interior de tu habitación. Cierras la puerta.

Tu mente te cuestiona. Llegaste al hotel en la madrugada del miércoles 22 de abril. Pediste una habitación en el primer piso, pero aquel día, en aquella hora, sólo había una habitación disponible, la 402. Subiste las escaleras hasta el cuarto piso. Introdujiste la llave en la puerta. Escribiste una carta….

Tu memoria se nubla.

Observas el televisor una vez más. «En repetidas ocasiones, las autoridades intentaron abrir la habitación 402 del Hotel Imperial, en la que se encontraba la víctima y el asesino».

Alguien toca la puerta de tu habitación. Te encojes de hombros, sudas y tus músculos están tensos.

Escuchas en el noticiero: «tras varios intentos, los administradores del hotel consiguieron entrar».

Alguien introduce una llave en la chapa de la puerta. La empuja con fuerza. Te das vuelta y notas un rastro de sangre que proviene del baño. ¿Has cometido un crimen?

«Tal vez».

Abres la puerta del baño y observas una carta que yace en el suelo. Alguien está tendido en la bañera. Tomas la correspondencia, que tiene tu propia letra.

«Tras varios intentos fallidos y bajo el peso de la pluma de los laureados autores vallecaucanos, me sentencio a vivir sin escribir; he muerto a un arte espectral».

Hay un profundo silencio en la escena. Dejas la carta sobre el lavamanos, corres la cortina del baño y te observas tendido en la bañera, desnudo, con los ojos fuera de órbita.

En cuestión de segundos las autoridades entrarán a la habitación. Quieres huir del crimen, pero no puedes escapar, nada puede esconderte del asesinato.

Estás agitado. El sudor recorre tu espalda. Tus pies tiemblan. Te asomas por la ventana y observas, bajo el limpio cielo sin nubes, a las almas que transitan por la Calle del Pecado, sin sombras, sin mirar atrás.

Este cuento hace parte de una colección de obras del autor y están registradas en la propiedad de derechos de autor según la ley vigente. Todos los derechos reservados.

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